Iniciemos con el TEC (Trauma craneoencefálico);
existen diferentes tipos de lesiones en accidentes traumáticos: (Uno de las
condiciones que más frecuentemente se encuentra en la práctica neuropsicológica
es la evaluación, pronóstico y rehabilitación de pacientes que han sufrido
alguna forma de traumatismo craneoencefálico.) Para la evaluación del TEC, Uno
de los procedimientos más comunes para evaluar la gravedad de un TCE y,
posteriormente, hacer un seguimiento de su estado de conciencia, es lo que se
denomina Escala de Glasgow (Cuadro 2.6) (Teasdale & Jennett, 1981),
mediante la cual se califican tres aspectos en la actividad del sujeto:
respuestas oculares, respuestas motoras y respuestas verbales, a cada uno de
los cuales se le da un puntaje apreciativo. En la narración del caso no son
específicos sobre los efectos de su evaluación inicial, haciendo imposible una
catalogación sobre el posible daño encontrado a nivel neurológico en la
usuaria, Ardila & Ostrosky (2012) mencionan que en los traumatismos
craneoencefálicos la secuencia que siguen es similar; encontrando que el
usuario “pierde la conciencia, y entra en estado de coma; posteriormente va
saliendo de este estado y se muestra progresivamente más alerta. Cuando
examinamos al paciente lo hayamos confuso, con amnesia retrógrada caracterizada
por una amnesia para los sucesos anteriores al TCE; además,
presenta una amnesia anterógrada grave: va olvidando todo lo que le ocurre. Nos
enfrentamos entonces a un paciente desorientado, que ignora lo que le
sucedió, y que se encuentra en un estado confusional que ulteriormente no
recordará”. Pero como se mencionó anteriormente sin el debido informe posterior
al accidente no podemos aseverar que tipo de daño sufrió, si presento algún
tipo de amnesia y que secuelas podríamos encontrar en la actualidad, en el
documento de Halgin y Krauss (2009), mencionan Halgin y Krauss (2009),
mencionan varios síntomas que detonan en Rebeca un estado depresivo y
psicótico, este último es un estado mental que se puede dar como una decisión o
pérdida del contacto con la realidad, reflejado en alucinaciones o delirios,
presentando cambios de personalidad y pensamientos desorganizados e incapacidad
de recuperar su vida. Ardila & Ostrosky (2012) mencionan que después de un
traumatismo craneoencefálico se pueden presentar cambios de personalidad, en
los cuales se pueden asumir “diferentes modalidades: puerilidad (comportamiento
infantil), desinhibición, agresividad, etc., o por el contrario, apatía,
depresión y suicidio, entre otros. La depresión es una secuela bastante
importante que en ocasiones se pasa por alto en casos de TCE. Por otra parte,
se incluyen los que podríamos llamar componentes de tipo neurótico, como
irritabilidad, ansiedad, fatiga, sensibilidad excesiva a los estímulos,
especialmente al ruido. En conjunto, este cuadro podría denominarse neurosis
post-traumática.” Luego del abordaje de las características
del TEC, donde la mayor dificultad es comparar diferentes criterios utilizados
para definir el grado mínimo de severidad requerido para considerar una
determinada condición clínica como susceptible de categorizarse como un TEC,
sin embargo el caso no nos remite la presencia del trauma o su severidad,
además se nos relata cómo sale en la noche dándonos a entender que todas sus
funciones motoras estaban conservadas.
Como segunda instancia tendríamos el duelo,
teniendo en cuenta el caso relatado, tendríamos que considerar un duelo
patológico, según el DSM-IV en el duelo encontraríamos: Z63.4 Duelo [V62.82] “Esta
categoría puede usarse cuando el objeto de atención clínica es una reacción a
la muerte de una persona querida. Como parte de su reacción de pérdida, algunos
individuos afligidos presentan síntomas característicos de un episodio de
depresión mayor (p. ej., sentimientos de tristeza y síntomas asociados como
insomnio, anorexia y pérdida de peso). La persona con duelo valora el estado de
ánimo depresivo como «normal», aunque puede buscar ayuda profesional para
aliviar los síntomas asociados como el insomnio y la anorexia. La duración y la
expresión de un duelo «normal» varía considerablemente entre los diferentes
grupos culturales. El diagnóstico de trastorno depresivo mayor no está indicado
a menos que los síntomas se mantengan 2 meses después de la pérdida. Sin
embargo, la presencia de ciertos síntomas que no son característicos de una
reacción de duelo «normal» puede ser útil para diferenciar el duelo del
episodio depresivo mayor. Entre aquéllos se incluyen: 1) la culpa por las
cosas, más que por las acciones, recibidas o no recibidas por el superviviente
en el momento de morir la persona querida; 2) pensamientos de muerte más que
voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente debería haber
muerto con la persona fallecida; 3) preocupación mórbida con sentimiento de
inutilidad; 4) enlentecimiento psicomotor acusado; 5) deterioro funcional acusado
y prolongado, y 6) experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la
voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida”. (DSM-IV)
En tercera instancia se entraría a considerar
la depresión mayor. Basándonos en lo narrado en el caso sobre como presenta
sintomatología de una depresión y en el apartado del duelo también nos remite a
una depresión. Incurriendo en la psicopatología del ciclo vital, podemos
entonces hacer alusión a los episodios de depresión que sufre la madre de
Rebeca, desde el plano biológico podemos asumir que algunos desordenes
genéticos para el caso (depresión) de rebeca pueden estar establecidos como un
asunto genético, asuntos genéticos que salen a la luz después de los
acontecimientos, queriendo decir con esto que los hechos y los antecedes
familiares ayudan a que ella no salga de su depresión. Un suceso traumático
como el que la paciente presencio, la situación de stess pueden ser factores de
riesgo para conducir a una tragedia, como en la que está sumergida. Posiblemente
la conducta anormal se considera el resultado de alteraciones biológicas
heredadas o adquiridas, estructurales o funcionales. De hecho podríamos
entonces hablar de Balter y muchos de sus colaboradores cuando hablan del
crecimiento en el ciclo de una persona, pues este es entendido como el alcance
de niveles elevados de funcionamiento o de capacidad de adoptar, situaciones de
riesgo, perdidas entre otras, de esta manera se puede entrar a mirar las
psicopatología del ciclo vital en la paciente.
En el duelo patológico según el DSM IV no se
cumplen todos los criterios establecidos para diagnosticarlo en el cual encontraríamos
síntomas; “Entre aquéllos se incluyen: 1) la culpa por
las cosas, más que por las acciones, recibidas o no recibidas por el
superviviente en el momento de morir la persona querida; 2) pensamientos de
muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente
debería haber muerto con la persona fallecida; 3) preocupación mórbida con
sentimiento de inutilidad; 4) enlentecimiento psicomotor acusado; 5) deterioro
funcional acusado y prolongado, y 6) experiencias alucinatorias distintas de
las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida”. (DSM-IV) y se
nos remite a un episodio depresivo mayor, el cual también quedaría descartado
porque en este caso que su duración fue de 3 años se entraría a hablar de un
trastorno dismitico, ya que en las depresiones se tienen momentos de remisión,
es decir de recuperación parcial o total, además en el relato no se nos hace referencia
a sentimientos de inutilidad o de culpa, al igual que la ideación suicida o
pensamientos de muerte muy comunes en este tipo de trastornos. Lo
mismo pasa con la psicosis, Rebecca no cumple con todos los criterios exigidos
en el DSM-IV para los trastornos donde la psicosis es uno de sus
síntomas.
Es por ello que se debe considerar el estado
general de la consultante para plantear posibles hipótesis basándonos en el
TEC, el duelo y los antecedentes depresivos, al igual que el episodio psicótico
sufrido.
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