miércoles, 25 de marzo de 2015

Ideas sobre un posible diagnostico

Iniciemos con el TEC (Trauma craneoencefálico); existen diferentes tipos de lesiones en accidentes traumáticos: (Uno de las condiciones que más frecuentemente se encuentra en la práctica neuropsicológica es la evaluación, pronóstico y rehabilitación de pacientes que han sufrido alguna forma de traumatismo craneoencefálico.) Para la evaluación del TEC, Uno de los procedimientos más comunes para evaluar la gravedad de un TCE y, posteriormente, hacer un seguimiento de su estado de conciencia, es lo que se denomina Escala de Glasgow (Cuadro 2.6) (Teasdale & Jennett, 1981), mediante la cual se califican tres aspectos en la actividad del sujeto: respuestas oculares, respuestas motoras y respuestas verbales, a cada uno de los cuales se le da un puntaje apreciativo. En la narración del caso no son específicos sobre los efectos de su evaluación inicial, haciendo imposible una catalogación sobre el posible daño encontrado a nivel neurológico en la usuaria, Ardila & Ostrosky (2012) mencionan que en los traumatismos craneoencefálicos la secuencia que siguen es similar; encontrando que el usuario “pierde la conciencia, y entra en estado de coma; posteriormente va saliendo de este estado y se muestra progresivamente más alerta. Cuando examinamos al paciente lo hayamos confuso, con amnesia retrógrada caracterizada por  una amnesia  para los sucesos anteriores al TCE; además, presenta una amnesia anterógrada grave: va olvidando todo lo que le ocurre. Nos enfrentamos entonces a un paciente desorientado,  que ignora lo que le sucedió, y que se encuentra en un estado confusional que ulteriormente no recordará”. Pero como se mencionó anteriormente sin el debido informe posterior al accidente no podemos aseverar que tipo de daño sufrió, si presento algún tipo de amnesia y que secuelas podríamos encontrar en la actualidad, en el documento de Halgin y Krauss (2009), mencionan Halgin y Krauss (2009), mencionan varios síntomas que detonan en Rebeca un estado depresivo y psicótico, este último es un estado mental que se puede dar como una decisión o pérdida del contacto con la realidad, reflejado en alucinaciones o delirios, presentando cambios de personalidad y pensamientos desorganizados e incapacidad de recuperar su vida. Ardila & Ostrosky (2012) mencionan que después de un traumatismo craneoencefálico se pueden presentar cambios de personalidad, en los cuales se pueden asumir “diferentes modalidades: puerilidad (comportamiento infantil), desinhibición, agresividad, etc., o por el contrario, apatía, depresión y suicidio, entre otros. La depresión es una secuela bastante importante que en ocasiones se pasa por alto en casos de TCE. Por otra parte, se incluyen los que podríamos llamar componentes de tipo neurótico, como irritabilidad, ansiedad, fatiga, sensibilidad excesiva a los estímulos, especialmente al ruido. En conjunto, este cuadro podría denominarse neurosis post-traumática.” Luego del abordaje de las características del TEC, donde la mayor dificultad es comparar diferentes criterios utilizados para definir el grado mínimo de severidad requerido para considerar una determinada condición clínica como susceptible de categorizarse como un TEC, sin embargo el caso no nos remite la presencia del trauma o su severidad, además se nos relata cómo sale en la noche dándonos a entender que todas sus funciones motoras estaban conservadas. 

Como segunda instancia tendríamos el duelo, teniendo en cuenta el caso relatado, tendríamos que considerar un duelo patológico, según el DSM-IV en el duelo encontraríamos: Z63.4 Duelo [V62.82] “Esta categoría puede usarse cuando el objeto de atención clínica es una reacción a la muerte de una persona querida. Como parte de su reacción de pérdida, algunos individuos afligidos presentan síntomas característicos de un episodio de depresión mayor (p. ej., sentimientos de tristeza y síntomas asociados como insomnio, anorexia y pérdida de peso). La persona con duelo valora el estado de ánimo depresivo como «normal», aunque puede buscar ayuda profesional para aliviar los síntomas asociados como el insomnio y la anorexia. La duración y la expresión de un duelo «normal» varía considerablemente entre los diferentes grupos culturales. El diagnóstico de trastorno depresivo mayor no está indicado a menos que los síntomas se mantengan 2 meses después de la pérdida. Sin embargo, la presencia de ciertos síntomas que no son característicos de una reacción de duelo «normal» puede ser útil para diferenciar el duelo del episodio depresivo mayor. Entre aquéllos se incluyen: 1) la culpa por las cosas, más que por las acciones, recibidas o no recibidas por el superviviente en el momento de morir la persona querida; 2) pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente debería haber muerto con la persona fallecida; 3) preocupación mórbida con sentimiento de inutilidad; 4) enlentecimiento psicomotor acusado; 5) deterioro funcional acusado y prolongado, y 6) experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida”. (DSM-IV)


En tercera instancia se entraría a considerar la depresión mayor. Basándonos en lo narrado en el caso sobre como presenta sintomatología de una depresión y en el apartado del duelo también nos remite a una depresión. Incurriendo en la psicopatología del ciclo vital, podemos entonces hacer alusión a los episodios de depresión que sufre la madre de Rebeca, desde el plano biológico podemos asumir que algunos desordenes genéticos para el caso (depresión) de rebeca pueden estar establecidos como un asunto genético, asuntos genéticos que salen a la luz después de los acontecimientos, queriendo decir con esto que los hechos y los antecedes familiares ayudan a que ella no salga de su depresión. Un suceso traumático como el que la paciente presencio, la situación de stess pueden ser factores de riesgo para conducir a una tragedia, como en la que está sumergida. Posiblemente la conducta anormal se considera el resultado de alteraciones biológicas heredadas o adquiridas, estructurales o funcionales. De hecho podríamos entonces hablar de Balter y muchos de sus colaboradores cuando hablan del crecimiento en el ciclo de una persona, pues este es entendido como el alcance de niveles elevados de funcionamiento o de capacidad de adoptar, situaciones de riesgo, perdidas entre otras, de esta manera se puede entrar a mirar las psicopatología del ciclo vital en la paciente.


En el duelo patológico según el DSM IV no se cumplen todos los criterios establecidos para diagnosticarlo en el cual encontraríamos síntomas; “Entre aquéllos se incluyen: 1) la culpa por las cosas, más que por las acciones, recibidas o no recibidas por el superviviente en el momento de morir la persona querida; 2) pensamientos de muerte más que voluntad de vivir, con el sentimiento de que el superviviente debería haber muerto con la persona fallecida; 3) preocupación mórbida con sentimiento de inutilidad; 4) enlentecimiento psicomotor acusado; 5) deterioro funcional acusado y prolongado, y 6) experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida”. (DSM-IV) y se nos remite a un episodio depresivo mayor, el cual también quedaría descartado porque en este caso que su duración fue de 3 años se entraría a hablar de un trastorno dismitico, ya que en las depresiones se tienen momentos de remisión, es decir de recuperación parcial o total, además en el relato no se nos hace referencia a sentimientos de inutilidad o de culpa, al igual que la ideación suicida o pensamientos de muerte muy comunes en este tipo de trastornos. Lo mismo pasa con la psicosis, Rebecca no cumple con todos los criterios exigidos en el DSM-IV para los trastornos donde la psicosis es uno de sus síntomas.


Es por ello que se debe considerar el estado general de la consultante para plantear posibles hipótesis basándonos en el TEC, el duelo y los antecedentes depresivos, al igual que el episodio psicótico sufrido.


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